A mis 36 años no recuerdo un momento tan complejo y tan impredecible como el actual, donde muchas de las certezas que considerábamos inmutables se desploman una tras otra, donde lo absurdo se convierte en algo cotidiano y donde pretender aferrarse a los conocido, sin darse cuenta del cambio social que estamos viviendo, supone probablemente no entender nada de lo que está pasando.
Nuestra estructura social como país ha cambiado, tenemos cientos de miles de profesionales formados gracias a una educación pública de la que nos podemos sentir orgullosos, pero sin un futuro laboral, al menos dentro de nuestras fronteras. Al mismo tiempo cientos de miles de trabajadores y trabajadoras en paro tratan de sobrevivir en un entorno cada vez más hostil y nuestra democracia representativa se ve zarandeada por una sociedad que ha cambiado y que ya no se conforma con seguir al partido o al Lider que considera que defiende mejor sus intereses, es una sociedad que quiere tomar parte en un cambio social del que se siente protagonista.
La crisis no sólo ha generado una profunda recesión económica y ha dejado en paro a millones de personas, sino que también ha significado una deslegitimación del propio sistema para una parte importante de nuestra sociedad, el equilibrio entre el libre mercado y el Estado de Bienestar, entre la propiedad privada y la redistribución de los recursos se está quebrando y si esa quiebra se termina produciendo, también se quebrarán las bases de nuestra convivencia.
Aún estamos a tiempo de entender lo que está ocurriendo y actuar en consecuencia, es cierto que los representantes políticos no tenemos demasiada credibilidad y nuestro estado de shock generado por la crisis nos ha dejado poco margen de maniobra, pero tenemos que reaccionar, no para que nuestra respectiva organización política tenga un buen resultado electoral, sino para que no se termine quebrado ese precario equilibrio social que ahora tenemos. Y es ahí donde la política tiene que recuperar su capacidad de visión de futuro y de transformación social, asumiendo y reconociendo las equivocaciones y los errores cometidos, como paso previo a recuperar la confianza perdida.
A lo largo de la historia los momentos de profunda transformación social pasan prácticamente inadvertidos para los contemporáneos, más ocupados en resolver los problemas diarios, que en diseñar un nuevo modelo que responda a una realidad. No cometamos ese error, no tratemos sólo de poner parches permanentemente o de justificar porqué de las decisiones duras tomadas en los últimos años. Hablemos de futuro, de un futuro diferente, de una distribución justa y equitativa de los esfuerzos que están por venir, de un país solidario que no puede permitir que una buena parte de la sociedad se vea al borde del abismo.
Para dar respuesta a esta situación, tenemos que hablar de cuestiones fundamentales, de representación política, probablemente por la vía de modificar la Constitución, de fiscalidad, aumentando la progresividad y creando un marco europeo homogéneo, de fortaleza y eficiencia de los servicios públicos, de defensa y consolidación de los derechos civiles, etc., en defenitiva no se trata de si la sociedad está o no en trasformación, se trata de si la política y los políticos estaremos o no a la altura del momento que estamos viviendo...
Nuestra estructura social como país ha cambiado, tenemos cientos de miles de profesionales formados gracias a una educación pública de la que nos podemos sentir orgullosos, pero sin un futuro laboral, al menos dentro de nuestras fronteras. Al mismo tiempo cientos de miles de trabajadores y trabajadoras en paro tratan de sobrevivir en un entorno cada vez más hostil y nuestra democracia representativa se ve zarandeada por una sociedad que ha cambiado y que ya no se conforma con seguir al partido o al Lider que considera que defiende mejor sus intereses, es una sociedad que quiere tomar parte en un cambio social del que se siente protagonista.
La crisis no sólo ha generado una profunda recesión económica y ha dejado en paro a millones de personas, sino que también ha significado una deslegitimación del propio sistema para una parte importante de nuestra sociedad, el equilibrio entre el libre mercado y el Estado de Bienestar, entre la propiedad privada y la redistribución de los recursos se está quebrando y si esa quiebra se termina produciendo, también se quebrarán las bases de nuestra convivencia.
Aún estamos a tiempo de entender lo que está ocurriendo y actuar en consecuencia, es cierto que los representantes políticos no tenemos demasiada credibilidad y nuestro estado de shock generado por la crisis nos ha dejado poco margen de maniobra, pero tenemos que reaccionar, no para que nuestra respectiva organización política tenga un buen resultado electoral, sino para que no se termine quebrado ese precario equilibrio social que ahora tenemos. Y es ahí donde la política tiene que recuperar su capacidad de visión de futuro y de transformación social, asumiendo y reconociendo las equivocaciones y los errores cometidos, como paso previo a recuperar la confianza perdida.
A lo largo de la historia los momentos de profunda transformación social pasan prácticamente inadvertidos para los contemporáneos, más ocupados en resolver los problemas diarios, que en diseñar un nuevo modelo que responda a una realidad. No cometamos ese error, no tratemos sólo de poner parches permanentemente o de justificar porqué de las decisiones duras tomadas en los últimos años. Hablemos de futuro, de un futuro diferente, de una distribución justa y equitativa de los esfuerzos que están por venir, de un país solidario que no puede permitir que una buena parte de la sociedad se vea al borde del abismo.
Para dar respuesta a esta situación, tenemos que hablar de cuestiones fundamentales, de representación política, probablemente por la vía de modificar la Constitución, de fiscalidad, aumentando la progresividad y creando un marco europeo homogéneo, de fortaleza y eficiencia de los servicios públicos, de defensa y consolidación de los derechos civiles, etc., en defenitiva no se trata de si la sociedad está o no en trasformación, se trata de si la política y los políticos estaremos o no a la altura del momento que estamos viviendo...